Entrevista con Tzipi Strauss

El poder sanador del contacto humano en épocas de desconexión

En 2016, la Prof. Dr. Tzipi Strauss, una reconocida neonatóloga de Israel, pronunció un importante discurso sobre el «poder del contacto» en la conferencia TEDx de la Universidad de Tel Aviv. Hemos hablado con ella sobre su pasión por el tema del contacto y la importancia del contacto piel con piel en épocas de desconexión.

“El cuidado piel con piel redujo la mortalidad de los bebés prematuros en un 20 %.“

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El papel del contacto físico para los bebés prematuros

Prof. Dr. Strauss, ¿cómo se explica el papel del contacto físico en la supervivencia de los bebés prematuros y qué evidencia existe al respecto?

Hasta hace 15 años, la UCIN (Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales) era un espacio con mucho ruido, con iluminación fluorescente y una estimulación dolorosa. A menudo, se trataba de un entorno aterrador para los bebés y muy diferente del que existía en la reconfortante comodidad del útero materno. Los padres tenían miedo de tocar a sus bebés de 500 gramos o un kilo. Nosotros, los médicos, no lo recomendábamos lo suficiente. Sin embargo, con el paso del tiempo, y gracias a una mayor investigación sobre la función del contacto humano y la prevención del dolor, hemos llegado a comprender que el contacto piel con piel desempeña un papel extremadamente importante. Cuando la gente se toca, se produce una liberación de oxitocina, la hormona del «vínculo» o del «amor». Con la liberación de la oxitocina, la presión sanguínea se reduce y el sistema nervioso simpático pasivo empieza a funcionar. Durante el parto, por ejemplo, el nivel de oxitocina de la madre se dispara. Justo después del parto, establece un vínculo con el bebé gracias a las ingentes cantidades de oxitocina liberadas en su sistema. Otros estudios han demostrado que el cuidado piel con piel ayuda a desarrollar el sistema inmunológico del bebé, ejerce un efecto positivo en el aumento de peso, mejora la producción de leche materna y consigue que la madre y el bebé estén más relajados durante el período de estrés que se vive en la UCIN.

Los últimos estudios se centran en el desarrollo del cerebro. Nuestro cerebro maduro se asemeja a una nuez, con sus muchos pliegues y arrugas. El cerebro de los bebés prematuros no tiene ese aspecto. A las 26 semanas, el cerebro está completamente liso. Esto significa que durante el tiempo que los bebés pasan en la UCIN, en la incubadora, el cerebro todavía se está desarrollando. Un estudio con resonancias magnéticas cerebrales en bebés prematuros demostró que los bebés cuyos padres no se acercaban a tocarlos ni a hablarles mientras estaban en la incubadora tenían los lóbulos temporales menos desarrollados. El lóbulo temporal es la zona del cerebro responsable de escuchar y comunicar. En los bebés que no recibieron palabras de afecto ni contacto físico, los cerebros permanecieron lisos, sin arrugas, pliegues ni surcos. La privación sensorial —es decir, la falta de contacto humano o de estimulación verbal— ralentizó el desarrollo del cerebro. Por último, otros estudios llevados a cabo en África demostraron que el cuidado piel con piel redujo la mortalidad de los bebés prematuros en un 20 %.

“Organizamos videollamadas para que las madres puedan ver el primer baño de su bebé.“

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Dar a luz en situaciones de estrés

Desde el estallido de la pandemia de COVID-19, muchos bebés —incluidos los prematuros— han nacido en situaciones hospitalarias de estrés, sin que el padre pudiera estar presente para apoyar a la madre y al niño. Otras familias decidieron dar a luz en casa. ¿Qué recomienda a los padres y médicos en esta abrumadora situación cargada de angustia?

Nunca imaginé que esta clase de escenario fuera posible. Jamás. Cuando comenzó la pandemia, los partos se hacían en soledad, sin nadie más que el personal médico presente para apoyar a la madre. Algo inconcebible. En los casos en los que la madre daba positivo en COVID-19, nos pidieron que separásemos al bebé de la madre justo después del nacimiento. Algunas madres insistían en quedarse con sus bebés y nosotros considerábamos que era una decisión que debían tomar ellas. No disponíamos de suficiente información en aquel momento sobre los riesgos de contagio de las madres a sus bebés. Por suerte, cada vez existen más datos que indican que el virus no se transmite a los bebés de esta manera y que la leche materna también es segura.

Por motivos evidentes, todavía debemos limitar las visitas a la UCIN. Tenemos que proteger a nuestro propio personal y mantener los servicios del hospital. Con 18 bebés en la UCIN ingresados en la misma habitación, no siempre podemos asegurar el distanciamiento físico, pero hemos establecido todo tipo de normas y procesos para garantizar la seguridad de todos. A pesar de nuestros esfuerzos, esta situación resulta muy estresante para todo el mundo. Intentamos organizar videollamadas para que las madres que no pueden entrar en la UCIN puedan ver el primer baño de su bebé o ser testigo de cómo se alimentan. No obstante, tenemos que reconocer que eso no sustituye a un contacto real y supone una gran frustración tanto para el personal como para los padres.

“El hecho de que las personas deban permanecer aisladas es demoledor.“

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Las consecuencias del aislamiento para la salud

Nuestra encuesta mundial indica que las personas que viven en hogares unipersonales y de edad avanzada se han visto especialmente afectadas por el distanciamiento social. Las personas ingresadas en hospitales o que viven en residencias de mayores y centros de cuidados paliativos han sido separadas de sus seres queridos y aisladas en la medida de lo posible hasta de sus cuidadores. Teniendo en cuenta el «poder sanador del contacto», ¿cómo se podrían explicar las consecuencias para la salud desde el punto de vista individual y social?

El hecho de que las personas deban permanecer aisladas es demoledor. Veremos las consecuencias en el futuro. En la actualidad, podemos observar que cada vez existen más casos de depresión y enfermedades cardíacas, y que se retrasa la atención médica para casos tan graves como el tratamiento del cáncer, ya que los pacientes tienen miedo de salir de casa. Hemos constatado casi un 20 % menos de nacimientos prematuros durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19. Esto podría deberse a que las madres evitaron los controles médicos regulares, con el consecuente aumento del número de muertes fetales. En el caso de las personas mayores, la depresión se presenta con frecuencia y se ve condicionada por su nivel de conexión, compromiso social y sentido de comunidad. Esto los mantiene con vida para poder ver a sus hijos y nietos.

Las investigaciones sobre la longevidad suelen hacer referencia a las «zonas azules», es decir, las cinco zonas del mundo en las que las personas tienden a vivir mucho más tiempo que la media. Estos estudios han demostrado que, además de una dieta saludable, estas cinco regiones tienen algo en común: un gran respeto e inclusión de los ancianos en la comunidad. En cuanto al COVID-19, los resultados demuestran de forma contundente que el aislamiento y la soledad influyen negativamente en nuestra esperanza de vida.

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Contacto, conexión y compasión por el trabajo del personal sanitario

Para mejorar la situación de los padres y los bebés prematuros en el hospital, ha propuesto el triángulo del tacto: contacto, conexión y compasión. ¿Cómo se traslada esto al trabajo de un médico?

Nos regimos por un principio que radica en ver todas las situaciones a través de la mirada de los padres. Para ellos, no tener ninguna novedad significa que está ocurriendo algo malo. Los padres necesitan estar informados en todo momento. Debemos conectar con ellos tan a menudo como sea posible, aunque no tengamos novedades. Es mejor comunicar por exceso que por defecto. Así, les mostramos compasión y ellos confían en nuestra opinión y cooperan en todo lo que sea necesario.

Hace años, tratamos a un bebé con una enfermedad cutánea poco común, parecida a la piel de un elefante. Estuve siempre al lado de los padres, los animé y les hablé de la privación sensorial y de la importancia del contacto humano. Años más tarde, la madre escribió un libro, en el que destacaba la importancia de la conexión que había mantenido con el personal del hospital. Había memorizado cada pequeño detalle de nuestras conversaciones. Me hizo comprender nuestro poder como médicos a la hora de comunicarnos con los pacientes y sus familias.

“Nos hemos adaptado a las mascarillas y nos volveremos a adaptar a lo anterior cuando sea posible.“

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El contacto físico después de la pandemia

Observemos la bola de cristal: Cuando termine la pandemia, ¿cambiaremos nuestro enfoque y actitud con respecto al contacto físico? ¿Hasta qué punto cambiará nuestra sociedad y cómo eso afectará a nuestra salud?

Estamos cambiando nuestro comportamiento, a menudo en base al miedo, pero también en base a la lógica. Nos hemos vuelto desconfiados con la gente. Pedimos a las personas que se pongan las mascarillas cuando compartimos un ascensor, lo cual resulta comprensible. Nos hemos vuelto más reservados. Sin embargo, eso también depende de la cultura en la que vivamos. En Israel, nos encanta abrazar. Los abrazos y los besos forman parte de nuestro comportamiento cuando nos encontramos; en esos casos, el distanciamiento físico nos resulta difícil.

No obstante, soy optimista: somos una civilización con una gran capacidad de adaptación. Nos hemos adaptado a las mascarillas y nos volveremos a adaptar a lo anterior cuando sea posible. Estamos viviendo una época muy traumática y este virus es algo que debemos tomarnos muy en serio. Seguiremos encontrando formas de conectar y, en cuanto podamos, volveremos a disfrutar del contacto físico, porque conectar a través del tacto forma parte de nuestra naturaleza.

Prof. Tzipi Strauss

Prof. Dr. Tzipi Strauss

Especialista en pediatría y neonatología

La Prof. Dr. Tzipi Strass tiene un máster en ciencias de la salud por la Universidad de Harvard y es la directora del departamento de neonatología y de la UCIN en el Centro Médico Sheba, considerado uno de los diez hospitales más importantes del mundo.