Informe global 2020

El estado del contacto humano: beneficios, barreras y soluciones

¿Nos estamos convirtiendo en una sociedad que no experimenta contacto físico? Nuevas investigaciones mundiales indican que el contacto humano es fundamental para disfrutar de una vida plena y feliz, pero que dicho contacto se encuentra en peligro en todo el mundo.

“Nueve de cada diez personas en todo el mundo sienten que el contacto humano es fundamental para disfrutar de una vida plena y feliz.“

El contacto nos hace humanos, pero su ausencia nos hace sentir solos

No todas las formas de contacto humano son iguales y algunas son más agradables que otras. Por ejemplo, abrazar a un amigo, besar en la mejilla o chocar el puño o la mano con un colega son preferibles a encontrarse con un desconocido. A pesar de estas diferentes preferencias por el contacto físico, los resultados de la encuesta mundial señalan que el contacto tiene connotaciones muy positivas para la mayoría de las personas. Las tres principales asociaciones con el contacto físico que establecen los encuestados son el amor (96 %), el afecto (96 %) y el cuidado (95 %). La idea de cuidar a los demás se encuentra estrechamente vinculada al contacto humano en la mente de las personas de todas las edades y regiones. Nueve de cada diez personas en todo el mundo sienten que el contacto humano es fundamental para disfrutar de una vida plena y feliz. En el mundo tan polarizado en el que vivimos, con filtros de información, discursos de odio e hiperpartidismo, resulta significativo que, sin importar el grupo de edad, el género o el país de origen, todas las personas estén de acuerdo con esta afirmación.
Esta unanimidad también se refleja en otras medidas de contacto físico: el 87 % está de acuerdo en que el contacto humano es una parte esencial de las comunidades y que su ausencia puede provocar una sensación de aislamiento y soledad, aunque se esté rodeado de gente; el 85 % está de acuerdo en que el contacto es lo que nos hace humanos, y el 81 % cree que la falta de contacto humano puede contribuir a que nos sintamos estresados con mayor facilidad. Como investigadores, nos preguntamos: ¿la falta de contacto humano está causada por nuestro estilo de vida? ¿Y un mayor contacto humano podría servir como remedio contra los desarrollos negativos de los tiempos modernos?

“He sido testigo de cómo un hombre rompió a llorar en el metro y nadie se acercó a él. No quiero formar parte de esa sociedad.“

Para dos tercios de las personas, el contacto físico no forma parte de su vida diaria

Nuestra investigación descubrió que la mayoría de las personas no están experimentando tanto contacto físico como les gustaría. Cuando se les preguntó en concreto sobre el tipo y la frecuencia de contacto físico que experimentaban, el 64 % de los encuestados indicó que el contacto no es algo que ocurra a diario en sus vidas y un 72 % expresó su deseo de recibir más abrazos. Casi uno de cada cinco encuestados no había experimentado ningún contacto físico el día anterior a la entrevista. Además, las personas no solo se sienten insatisfechas con el nivel de contacto en su vida personal, sino que la mitad de los encuestados considera que el nivel de contacto físico en la sociedad ha descendido en los últimos años. Todos estos resultados apuntan a una tendencia creciente de lo que los expertos denominan «hambre de contacto» o privación de contacto, para lo que algunos grupos son más vulnerables que otros.
Conforme a los datos, las personas que viven en el hemisferio norte suelen carecer más de contacto físico que sus homólogos del hemisferio sur. Aunque el 17 % de los encuestados en general indicó que no había experimentado ningún contacto el día anterior a la entrevista, esta cifra fue más elevada en lugares como Reino Unido (29 %), Alemania (28 %) y Francia (21 %). Por otro lado, resultó más baja en lugares como Brasil (12 %) y la India (10 %). Sorprendentemente, aquellos países que experimentan un mayor contacto son también los que parecen desear que este aumente. Aunque el 72 % de los encuestados en general indicó que deseaba más abrazos, la necesidad del 82 % de los encuestados de la India y el 81 % de los del Brasil era aún mayor, en comparación con el 63 % de los alemanes y el 64 % de los británicos. «Los datos señalan que las personas que viven en culturas más propensas al contacto físico, como la de Sudamérica, tienen más probabilidades de reconocer el valor del contacto y de buscar más contacto en su vida diaria», afirmó la Dra. Natascha Haehling von Lanzenauer, investigadora de Happy Thinking People, un instituto de investigación independiente que llevó a cabo debates de grupos de discusión antes de la encuesta cuantitativa.
Además de las diferencias culturales, los datos también pusieron de manifiesto las diferencias en las experiencias de contacto entre los grupos de edad. Así pues, no es de extrañar que los millennials de 20 a 35 años y los que tienen hijos en sus hogares —sin importar el género— sean los que más contacto físico experimenten, según los diarios de contacto. En total, el 69 % declaró que el contacto con otras personas es una parte común y natural de su vida diaria y que recibe diferentes formas de contacto de una gran variedad de personas diferentes. Además, resultaba mucho más probable que esas personas hubieran abrazado a alguien o le hubieran cogido la mano el día anterior a la entrevista. Este grupo de edad y aquellos que son padres disfrutan de contacto físico a diario y de forma frecuente, tanto con las formas tradicionales de contacto físico, como abrazos, cogerse de la mano o abrazarse, como mediante las formas de contacto a través de Internet, como hablar con alguien por videoconferencia. Sin embargo, no ocurre lo mismo con todos los grupos de edad.

¿Mayor de 50 y sin contacto físico?

Las personas de 50 a 69 años se enfrentan a desafíos únicos con respecto al contacto físico. Tienen más probabilidades que otros grupos de edad de vivir solos, en hogares con menos miembros o de padecer problemas de salud que crean barreras para el contacto. El aumento de la tendencia a la «familia nuclear» de las últimas décadas, la disminución de las tasas de matrimonio y el aumento de la esperanza de vida en todo el mundo han incrementado las probabilidades de que los adultos mayores vivan solos en lugar de con una pareja o en hogares multigeneracionales. En general, las personas de 50 a 69 años declararon tener menos experiencias con el contacto humano en su vida diaria en comparación con otros grupos de edad: menos abrazos, menos caricias en el brazo durante una conversación o menos oportunidades para abrazarse. Resulta significativo que, a pesar de experimentar menos contacto, este grupo no parezca desear que este aumente necesariamente, ya que solo el 63 % indica que le gustaría recibir más abrazos, en comparación con el 72 % de los encuestados en general. «La gente parece adaptar sus expectativas sobre la cantidad de contacto que experimenta en su vida diaria en función de sus circunstancias», comentó la Dra. Antje Gollnick, del instituto de investigación Mindline, que dirigió el estudio NIVEA. «Si viven solos o padecen problemas de salud que impiden el contacto frecuente, aprenden a desear menos contacto como mecanismo de defensa para evitar la decepción».

afirma que la falta de contacto humano las hace sentir solas, aunque tengan muchos contactos en redes sociales

cree que el aumento de las conexiones virtuales reduce la capacidad de empatía.

tiene una vida muy ocupada; a veces no dedica el tiempo suficiente para conectar con los demás.

considera que pasa demasiado tiempo en redes sociales y que le falta tiempo para el contacto personal.

La vida moderna y ajetreada nos separa cada vez más

El estudio de NIVEA sobre el contacto humano ha descubierto una serie de tendencias que están creando barreras nuevas y duraderas para el contacto humano. Vivimos en una sociedad cada vez más móvil, en la que más personas que nunca han elegido separarse de sus familias y de las comunidades en las que se han criado, ya sea por conflictos geopolíticos o por la búsqueda de oportunidades profesionales o de enriquecimiento personal. Las innovaciones en materia de tecnología personal y la mejora del acceso a Internet de banda ancha en todo el mundo nos han permitido permanecer en contacto con nuestros seres queridos y establecer nuevas conexiones de manera virtual en lugar de presencial. Además, el cambio de las normas sociales ha planteado cuestiones sobre qué tipos de contacto son apropiados. El impacto de estas tendencias en la calidad y frecuencia del contacto humano se refleja en la investigación de NIVEA. La adopción de la tecnología, el tipo de estilos de vida modernos, las normas culturales y sociales, y las inseguridades personales son algunas de las razones señaladas que explican por qué las personas no establecen un mayor contacto personal.

“Me resulta casi imposible quedar con mis amigos. En la actualidad, todo el mundo está demasiado ocupado.“

Conectada pero desconectada: la generación de Internet

El papel que desempeña la tecnología en nuestra experiencia con el contacto humano merece que le prestemos más atención. Más del 80 % de los participantes en la encuesta de NIVEA cree que el aumento de las conexiones virtuales reduce la capacidad de empatía, lo que provoca un menor contacto. Otras investigaciones han descubierto que las pantallas no solo marcan una distancia física, sino también psicológica, lo que diluye las fronteras entre la realidad y el entretenimiento y nos hace menos sensibles ante el dolor y las necesidades de los demás. ¿Las pantallas también pueden dificultar la interpretación de las emociones de los demás? Algunos estudios sugieren que sí. Un estudio llevado a cabo en 2014 por la Universidad de California, Los Ángeles, concluyó que los alumnos de sexto curso que pasaban cinco días sin exposición a la tecnología tenían una capacidad de interpretación de las emociones humanas significativamente mejor que aquellos que tenían acceso con regularidad a teléfonos, televisores y ordenadores.
Además de nuestras experiencias con la tecnología, la cantidad de tiempo que pasamos usándola también es importante. En total, el 53 % de los encuestados afirmó que el tiempo que pasaba en redes sociales constituía una barrera para el contacto físico. Esto resultó aún más evidente en la India (70 %) y Tailandia (69 %), países en los que el uso de las redes sociales tiende a ser más elevado. Un encuestado de la India respondió lo siguiente: Cuando regreso a casa desde la gran ciudad dos veces al año, lo hago con muchas ganas de ver a mi familia. Sin embargo, mi hermano pequeño siempre se sienta a la mesa con sus dispositivos, sin hablar o ni siquiera mirarme. ¡Es algo descorazonador! Los datos también muestran diferencias significativas en los grupos de edad con respecto al tiempo que pasan conectados a Internet. La mayor diferencia aparece entre los millennials y los mayores de 50 años: el 65 % de los millennials declaró que el tiempo que dedica a las redes sociales constituye una barrera para el contacto físico, frente al 33 % de los mayores de 50 años.

Vidas ocupadas:
Una carrera interminable para llegar a todo

Nuestras pantallas no son lo único que se interpone en el camino del contacto. Los resultados del estudio también sugieren que nuestros estilos de vida ajetreados contribuyen a la privación de contacto colectivo: el 72 % de los encuestados considera que el valor del contacto humano no es una prioridad en la vida moderna y otro 64 % afirma sentirse demasiado ocupado como para dedicar tiempo a conectar con los demás. Un encuestado de China respondió lo siguiente: «Me resulta casi imposible quedar con mis amigos. En la actualidad, todo el mundo está demasiado ocupado».
Esto ocurre especialmente en el caso de los millennials (72 %) y de los padres (71 %). A pesar de que ya hemos determinado que estos grupos experimentan más contacto en comparación con otros, el 76 % de los millennials y el 78 % de los padres desean recibir más abrazos.
Como consecuencia de sus estilos de vida ocupados y ajetreados, estos grupos suelen depender de las conexiones tecnológicas como alternativa al contacto físico. En los diarios de contacto, el 51 % de los millennials y el 48 % de los padres declararon que habían hecho alguna videollamada en la que habían tocado la pantalla con los dedos y deseado que ese contacto fuese real.

Normas sociales: La extendida confusión acerca del nivel correcto de contacto físico

Además del uso de la tecnología y la falta de tiempo, ocho de cada diez personas creen que las normas sociales pueden interferir con el contacto humano. En algunos países, este factor es más importante que en otros. Parece constituir una barrera mayor en los países de la Commonwealth, ya que el 84 % de los británicos, el 85 % de los australianos y el 84 % de los indios declaran que las normas sociales representan una barrera al contacto, en comparación con el 80 % de los encuestados en general. En términos generales, las personas de esos países tienen menos contacto físico que las del sur de Europa y Sudamérica, donde, por ejemplo, un abrazo y un beso en la mejilla se suelen considerar una forma de saludo adecuada. Para muchos encuestados, la incertidumbre sobre qué tipo de contacto es apropiado o si este será correspondido les impide iniciar el contacto. Más de tres cuartas partes de los encuestados señalaron que las inseguridades personales, como la de no saber si las personas se sentirán cómodas al recibir un abrazo, constituyen una barrera. Esta cifra es significativamente superior —85 %— en China, la India y Tailandia. Otro 69 % indicó estar abierto al contacto físico, pero que siempre espera a que la otra persona dé el primer paso. Estos resultados son particularmente notables en un grupo concreto: aquellos que se identifican como hombres.
Un 89 % de los hombres y un 88 % de las mujeres creen que el contacto humano es fundamental para disfrutar de una vida plena y feliz. Sin embargo, los hombres se enfrentan a más inseguridades personales con respecto al contacto, ya que el 76 % de los hombres indica que a menudo no saben con certeza cuánto contacto físico es aceptable en la sociedad, en comparación con el 71 % de las mujeres. Un mayor número de hombres que de mujeres desearía recibir más abrazos (un 73 % en comparación con un 70 %). Además, aunque desean más contacto físico, en realidad lo están experimentando en menor medida: el 20 % no experimentó ningún contacto físico el día anterior a la entrevista, en comparación con el 14 % de las mujeres.
Resulta evidente que los hombres anhelan más conexiones táctiles en su vida diaria, pero se sienten inseguros a la hora de iniciar y recibir contacto físico. Los hombres que atribuyen más importancia a los roles de género tradicionales o que se sienten presionados por las expectativas de la sociedad pueden ser menos propensos a entablar contacto físico, ya que temen que se les pueda considerar «femeninos» o «débiles». Muchos tienen miedo de expresar sus emociones o son incapaces de manifestar sus necesidades. Otros temen que el contacto físico se interprete como un acercamiento sexual o que sea rechazado. Algunos temen ser cariñosos con sus hijos. Un padre en Alemania declaró: «Me siento muy incómodo cuando mi hija de 12 años quiere sentarse en mi regazo en público. No quiero que nadie piense que soy un pedófilo». Con independencia de los motivos, la consecuencia de estas inseguridades implica que, a excepción de los apretones de manos, los hombres son más propensos que las mujeres a renunciar a un contacto cariñoso y platónico, y a todos los beneficios que ello conlleva.

Las normas sociales se pueden interponer en el camino del contacto humano natural

Tasas de aprobación a nivel mundial:
«Las normas sociales se pueden interponer en el camino del contacto humano».

La brecha de conocimiento: las personas desconocen los beneficios fisiológicos del contacto físico

Aunque los beneficios psicológicos suelen estar bastante extendidos, el estudio de NIVEA muestra una brecha de conocimiento en la percepción de la mayoría de las personas de los beneficios fisiológicos del contacto físico. Cuando se les preguntó acerca de sus conocimientos sobre los beneficios físicos —como la reducción del dolor físico, un sistema inmunológico más fuerte y la disminución de la presión arterial—, muchos participantes del estudio mundial afirmaron no ser conscientes de ellos. Más de un tercio de los encuestados no sabía que el contacto físico reduce el nivel de las hormonas del estrés y más de la mitad desconocía que el contacto fortalece el sistema inmunológico. Un aplastante 86 % de los encuestados considera que esta información es lo bastante alentadora como para incorporar más contacto físico a su vida diaria, lo que nos lleva a preguntarnos: si la gente tuviera más información sobre los beneficios del contacto, ¿procuraría iniciarlo con más frecuencia de forma individual y colectiva?
Nuestros resultados sugieren que sí. Los resultados evidencian la necesidad de un enfoque social más positivo sobre el tema del contacto humano. Un llamativo 92 % de los encuestados piensa que necesitamos hablar más sobre los beneficios del contacto humano y el 85 % considera que sería una buena idea contar con un movimiento que defienda el «contacto positivo» en la sociedad. Estas medidas podrían contribuir a educar a la gente sobre los beneficios del contacto físico, resolver la confusión sobre qué tipos de contacto son adecuados y recordar a las personas que deben incorporar más contacto físico a sus vidas. Para garantizar que el contacto se valore desde la infancia, el 85 % piensa que las escuelas deberían enseñar la importancia del contacto humano. Este apoyo abrumador a las soluciones ante la falta de contacto humano es sistemático en todos los países y grupos de edad evaluados.
Es muy probable que las barreras para el contacto humano no desaparezcan de la noche a la mañana, si es que alguna vez lo hacen. Sin embargo, algunas se pueden abordar más fácilmente que otras; ser conscientes de nuestras propias acciones constituye un primer paso muy importante.

Sobre el estudio

Mindline, un instituto de investigación independiente, llevó a cabo la investigación de NIVEA en forma de encuesta en línea con 11 198 personas en los siguientes 11 países (aproximadamente, 1000 encuestados por país): Alemania, Australia, Brasil, China, Estados Unidos, Francia, la India, Italia, Sudáfrica, Tailandia y Reino Unido. Los encuestados tenían entre 16 y 69 años de edad y constituían una muestra representativa basada en el género, la edad, la región y la situación laboral. El estudio se llevó a cabo entre octubre de 2018 y marzo de 2019. Happy Thinking People, un instituto de investigación independiente, llevó a cabo debates de grupos de discusión en 11 países antes de la encuesta cuantitativa.

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