El contacto humano en un mundo pandémico

El contacto humano en un mundo pandémico. Impacto e intervenciones.

La pandemia de la COVID-19 ha impactado de manera radical en nuestras vidas, tanto a gran escala como a pequeña escala, y ha revolucionado todo, desde la forma en que trabajamos, asistimos a la escuela, socializamos o, incluso, compramos artículos de primera necesidad. De todos los cambios que hemos experimentado, es posible que ningún área de nuestras vidas se haya visto más afectada que la forma en que nos relacionamos con los demás.

“Tres de cada cuatro encuestados manifestaron que el aislamiento les ha hecho darse cuenta de lo importante que es el contacto físico para la salud.”

El contacto durante la pandemia: limitado pero más importante que nunca

El nuevo estudio indica que el contacto sigue siendo muy importante para las personas de todos los rincones del mundo, a pesar del virus o gracias a él. El estudio del año pasado reveló que el 87 % de las personas cree que el contacto humano es fundamental para disfrutar de una vida plena y feliz. El estudio de este año señala que la cifra ha aumentado ligeramente, hasta el 88 %. Además, tres de cada cuatro encuestados manifestaron que el aislamiento les ha hecho darse cuenta de lo importante que es el contacto físico para la salud. Tal y como muestran los datos, cada vez somos más conscientes de la importancia del contacto en nuestras vidas. Esto se debe también a que no podemos seguir practicándolo con tanta libertad como antes, cuando no era necesario efectuar cálculos complejos sobre el nivel de riesgo de cada interacción. En resumen, nuestro aislamiento forzoso ha enfatizado la importancia del contacto humano para nuestra salud y bienestar.

“Más de dos tercios de los encuestados indicaron que existen más barreras para el contacto en la actualidad en comparación con hace un año.”

Nuevas barreras para el contacto humano

Antes de la pandemia, las barreras comunes para el contacto humano incluían cuestiones como la falta de tiempo o la inseguridad acerca de las normas sociales y de qué tipo de contacto era adecuado y cuándo. Los nuevos resultados revelan que estas barreras tradicionales causan menos inquietud en la actualidad. En general, cada vez más personas pasan más tiempo en casa y experimentan ritmos de vida menos ajetreados. También se observa una menor confusión en torno a las normas sociales, ya que la mayoría de las personas comprenden que el contacto equivale a un riesgo de contagio. Sin embargo, en general, ahora hay más barreras para el contacto que nunca. Más de dos tercios de los encuestados indicaron que existen más barreras para el contacto en la actualidad en comparación con hace un año.

Como sociedad, los datos señalan que, por ahora, hemos aceptado estas barreras y no tratamos de buscar más formas de contacto. Cuatro de cada cinco encuestados a nivel mundial indicaron que evitan los rituales de contacto, como los apretones de manos, los besos o los abrazos breves. Esto ocurre especialmente en países con muchos casos de contagios, como Brasil, Sudáfrica, Italia y Francia, lo que sugiere que los habitantes de países muy afectados por la pandemia muestran una especial cautela a la hora de establecer contacto humano.

Los porcentajes de respuesta se basan en la cantidad de contacto que las personas experimentaron a nivel personal en el último año. Fuente: Mindline Research 2020

El nivel de contacto humano en todo el mundo durante la pandemia

Muchos de los encuestados manifestaron que su nivel de contacto humano durante la pandemia se redujo tanto en su círculo cercano (familia, parejas o amigos cercanos) como en su círculo externo (colegas, conocidos o vecinos). Más de un tercio comentó que el contacto con el círculo cercano ha disminuido y el 40 % afirmó que el contacto con su círculo externo también se ha reducido. La reducción del contacto con el círculo externo no resulta sorprendente, ya que cada vez más personas se aíslan y limitan el contacto físico a los miembros de su hogar. La reducción del contacto entre los miembros del círculo cercano puede parecer contradictoria en un primer momento, pero cobra sentido si se tiene en cuenta el número de personas que viven con ancianos o personas inmunodeprimidas o de alto riesgo en caso de enfermedad. Además, la mayoría de las personas no viven en la misma casa con sus amigos cercanos. Asimismo, en lugares como Italia, Sudáfrica y Corea del Sur, donde se aplicaron de forma estricta las medidas de confinamiento, se han observado reducciones significativas en la cantidad de contacto dentro de los círculos sociales cercanos y, en especial, en los círculos externos. En Italia, más de la mitad de los encuestados señaló que su nivel de contacto físico con personas de su círculo externo se había reducido desde el año pasado. En Corea del Sur, el 49 % de los encuestados indicó una reducción, y en Sudáfrica, el 46 %. Corea del Sur, en concreto, es digna de mención, ya que, para empezar, mantuvo menos contacto que otros países, lo que supone una reducción aún más drástica.

Sin embargo, resulta sorprendente que casi la mitad de las personas encuestadas afirmase que su nivel de contacto humano durante la pandemia no ha cambiado de forma significativa. El 46 % de los encuestados a nivel mundial manifestó que la cantidad de contacto que experimenta con el círculo cercano no ha cambiado en el último año, y el 51 % declaró que el contacto con su círculo externo tampoco ha sufrido cambios. Para entender los motivos, debemos analizar con más detalle los datos, los cuales demuestran diferencias geográficas considerables en el comportamiento táctil. En Alemania, Australia, Reino Unido y Estados Unidos, el comportamiento táctil ha cambiado menos que en otros países. A pesar de la gravedad de los brotes, un menor número de personas registró cambios en la cantidad de contacto que compartía con su círculo externo, en comparación con otros países. En Alemania, casi dos tercios de las personas indicaron que el nivel de contacto con su círculo externo no había cambiado en el último año. En Australia, Reino Unido y Estados Unidos, más de la mitad de los encuestados respondieron lo mismo. Una posible explicación es que estos países no son culturas «propensas al contacto físico». Gracias a nuestra anterior encuesta global, sabemos que Alemania, Reino Unido, Australia y Estados Unidos son los países menos propensos al contacto físico, lo que justificaría un menor número de cambios en el comportamiento. También cabe la posibilidad de que, en estos países, el escepticismo sobre la gravedad de la pandemia y la necesidad de normas de confinamiento se hayan traducido en menos cambios evidentes en el comportamiento táctil.

Por último, para algunos grupos, el nivel de contacto humano ha aumentado durante la pandemia. Las personas que viven en hogares con, al menos, un niño y los jóvenes de 16 a 19 años presentaron casi el doble de probabilidades de registrar un aumento del contacto en el círculo cercano en comparación con otros grupos. Esto no resulta sorprendente, ya que muchas familias pasan más tiempo juntas en sus hogares. No obstante, los jóvenes y las familias monoparentales también mostraron casi el doble de probabilidades de manifestar un aumento en el contacto con su círculo externo. Según parece, en estos grupos, la necesidad de conexión y contacto humano es mucho mayor que su temor a contraer el virus o a contagiárselo a otras personas, incluso a aquellas de riesgo.

“El aislamiento me permite darme cuenta de la importancia del contacto físico para nuestro estado de salud.”

“El aislamiento me hace desear más que antes el contacto físico.”

“El aislamiento me hace sentir más solo que en toda mi vida.”

“Añoro el contacto físico y deseo compensar esta carencia cuando pase la crisis.”

“El aislamiento me hace pensar con qué personas establezco contacto físico y con qué frecuencia.”

“El aislamiento forzoso ha provocado que una de cada dos personas en el mundo se sienta sola.”

Las personas que están solas declaran experimentar un déficit de abrazos

El grado de conformidad entre las personas que se sienten solas frente a las que no se sienten solas:
"A menudo, me gustaría recibir más abrazos."

La soledad y la falta de contacto físico: solteros, padres solteros y mayores de 50

Aunque podemos observar diferencias en el contacto físico entre países en función de su enfoque de la pandemia, los datos de NIVEA señalan que las circunstancias individuales también desempeñan un papel importante en el bienestar de las personas durante la crisis, con independencia del lugar en el que vivan. La edad de una persona, el hecho de que viva sola o no, y el hecho de que sea padre o madre son factores que inciden en su salud física y mental y en su capacidad para conectar con los demás a través del contacto físico. Tal y como muestran los datos, algunos grupos se ven más afectados que otros.

 

Personas solitarias

El primer grupo de personas que se ha visto afectado de forma negativa por la pandemia y el posterior aislamiento es el de aquellas que se definen como solitarias. Según la encuesta, se trata de una parte significativa de la población mundial. El aislamiento forzoso ha provocado que una de cada dos personas en todo el mundo se sienta sola, en ocasiones incluso más sola que nunca. Los datos también muestran una estrecha conexión entre la soledad y el contacto físico: el 81 % de los encuestados que indicó sentirse solo a menudo desearía recibir más abrazos, en comparación con el 45 % que afirmó no sentir esa soledad. La relación entre el contacto físico y la soledad parece aumentar con la edad y también es mayor en el caso de las familias monoparentales. Es evidente que la falta de contacto humano puede ser considerada como un factor de soledad, que el propio contacto físico puede ayudar a reducir.

La vida en países con un menor índice de contacto físico

Esta conexión entre la soledad y el contacto físico resulta especialmente evidente en los países en los que el contacto físico tiende a ser menos frecuente en la sociedad. En Alemania, casi nueve de cada diez personas que a menudo se sienten solas manifestaron que desearían recibir más abrazos, en comparación con el 43 % de las que no se sienten solas. Una diferencia alarmante de 44 puntos porcentuales, que demuestra hasta qué punto la soledad perjudica a las personas. En Australia, Reino Unido, Estados Unidos y Corea del Sur, la diferencia fue algo menor, pero igual de significativa (alrededor de 40 puntos porcentuales). Por el contrario, la conexión es menor en países con niveles más elevados de contacto físico en la vida diaria, como Brasil (diferencia de 21 puntos porcentuales), Italia (diferencia de 28 puntos porcentuales) y Francia (diferencia de 33 puntos porcentuales). Estas cifras nos recuerdan que debemos integrar y acercarnos a las personas que puedan sentirse solas, sobre todo en los países en los que el contacto físico no forma parte de la vida cotidiana. El contacto físico que reciben las personas, aunque se trate de un simple apretón de manos diario con el cartero, desempeña un papel muy importante en la lucha contra la soledad.

Solteros y padres solteros

Otro grupo que se ha visto muy afectado por los efectos del confinamiento y el aislamiento es el de los que viven en hogares con menos miembros, como los solteros y las familias monoparentales. Tres de cada cuatro personas que viven solas afirmaron que el contacto físico no es algo cotidiano en sus vidas y más de la mitad confesaron sentirse solas con frecuencia. En el caso de los padres solteros, este número asciende a casi dos tercios. Los padres solteros también mostraron una mayor tendencia a confesar que desearían recibir más abrazos: el 69 %, en comparación con la media global del 61 %. Sin otro adulto en el hogar con quien compartir las responsabilidades del cuidado de los niños y la educación a distancia, o con quien desahogarse durante este período tan estresante, los adultos que viven en hogares con menos miembros están pasando por un momento muy difícil.

Personas entre 50 y 69 años

Las personas de entre 50 y 69 años también se han visto muy afectadas, ya que en la actualidad casi no experimentan contacto con su círculo externo. Conforme a los datos de contacto de la encuesta, un tercio de las personas de 50 a 69 años no experimentó ningún contacto físico durante la semana anterior a la entrevista. Casi tres de cada cuatro afirmaron que existen más barreras para el contacto en la actualidad que hace un año, una cifra más elevada que la media global. Sin embargo, resulta llamativo que solo el 57 % de este grupo declarase que le gustaría recibir más abrazos, un porcentaje inferior a la media global del 61 %. Esto sugiere que muchos adultos mayores han adaptado sus expectativas en cuanto al contacto físico para adecuarse a las circunstancias.

Adolescentes

A diferencia de los grupos antes mencionados, existe un grupo que parece resistir la crisis con relativa facilidad: los adolescentes. Para casi un tercio de los encuestados de entre 16 y 19 años, el nivel de contacto con su círculo cercano ha aumentado desde el comienzo de la pandemia. Esto se debe, probablemente, a pasar más tiempo con la familia, disfrutar del vínculo con los padres y hermanos y superar juntos la crisis y todos sus desafíos. Son más propensos que otros grupos a declarar que han estrechado sus relaciones con las personas con las que tienen contacto físico (el 72 %, en comparación con la media global del 62 %). También son mucho más propensos que otros grupos a confesar que ahora pasan más tiempo que antes en redes sociales (el 82 %, en comparación con la media global del 61 %). Al parecer, para este grupo, las soluciones alternativas —pasar más tiempo con la familia y el círculo cercano y un mayor uso de las redes sociales— compensan en cierta medida la alteración de su rutina normal y la falta de contacto con el círculo externo.

“Una de cada tres personas afirmó que el nivel actual de contacto humano en la vida diaria es demasiado bajo.”

Recuperar el tiempo perdido en nuestro futuro pospandémico

Aunque la pandemia no ha terminado, las personas de todo el mundo ansían con entusiasmo un futuro que brinde más oportunidades para el contacto humano. Tras muchos meses de confinamiento y aislamiento social forzoso, los datos de NIVEA muestran que la pandemia ha resaltado la importancia del contacto en nuestras vidas y ha puesto de manifiesto que este podría suponer una solución contra la soledad. No obstante, es posible que la manera en la que conectamos con los demás a través del contacto cambie en un futuro próximo.

Conforme a los datos, el contacto humano en el mundo pospandémico se centrará más en la calidad que en la cantidad. Es decir, en el círculo cercano. Más de un tercio de los encuestados a nivel mundial espera que el contacto con el círculo cercano aumente después de la crisis, al tiempo que se prevé que el contacto con el círculo externo se reduzca a largo plazo a medida que nuestros cambios de comportamiento actuales se conviertan en hábitos permanentes. Casi la mitad de las personas en Brasil, Sudáfrica, Reino Unido, Estados Unidos e Italia, en especial, creen que el contacto con el círculo cercano se incrementará después de la crisis, quizás como una manera de recuperar el tiempo perdido. Sin embargo, aunque se espera que el contacto con el círculo externo disminuya en general en comparación con la época prepandémica, una cuarta parte de los jóvenes de 16 a 19 años en todo el mundo prevé más contacto con el círculo externo a largo plazo. Sin duda, estos quieren recuperar todo el tiempo perdido y están deseando tener más contacto en cuanto podamos destruir los muros que ha levantado entre nosotros el coronavirus.

En todos los grupos, la pandemia nos ha dejado con «hambre» de contacto piel con piel, una sensación muy similar a la que experimentamos cuando necesitamos comer. En todos los países encuestados, una de cada tres personas afirmó que el nivel actual de contacto humano en la vida diaria es demasiado bajo, y tres de cada cinco personas encuestadas quieren compensar después de la crisis la actual falta de contacto humano. Además, los datos muestran un profundo deseo de un contacto más humano después de la crisis en los países con un perfil más social y que se vieron muy afectados por la pandemia, como Brasil e Italia. Más de tres de cada cuatro brasileños y casi tres de cada cuatro italianos declararon que el aislamiento los ha hecho ansiar más que nunca el contacto físico. ¿Y a quién no? Nadie puede olvidar las imágenes de las calles vacías y las cafeterías desiertas cuando Italia comenzó su confinamiento.

“En el futuro no daremos por sentados esos momentos de conexión.”

Un nuevo valor del poder del contacto

Hay algo que está claro: es posible que tardemos un tiempo en recuperar nuestros niveles de contacto prepandémicos, pero la pandemia ya ha hecho mella en nuestros corazones y mentes, y también en nuestra piel. Ahora entendemos qué se siente al no poder tocar a nuestros seres queridos y conocemos el aislamiento y la soledad que acompañan a esa privación. Podemos encontrar un aspecto positivo de esta crisis: la pandemia nos ha hecho valorar de una forma diferente el poder del contacto físico para nuestra salud emocional, física y mental. En el futuro, cuando podamos volver a abrazarnos, estrecharnos la mano o mostrarnos cariño sin miedo, no daremos por sentados los momentos de conexión. Pasaremos más tiempo con nuestros seres queridos, afianzaremos nuestros lazos con los demás y conectaremos de nuevo a través del contacto.

Sobre el estudio

Mindline, un instituto de investigación independiente, llevó a cabo la investigación de NIVEA en forma de encuesta en línea con 11 706 personas en los siguientes 9 países (aproximadamente, 1000 encuestados por país): Alemania, Australia, Brasil, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, Italia, Sudáfrica y Reino Unido. Los encuestados tenían entre 16 y 69 años y constituían una muestra representativa basada en el género, la edad, la región y la situación laboral. La base de datos para este estudio va desde abril (semana 17) hasta agosto (semana 32) de 2020. El trabajo de campo europeo continuará hasta octubre.

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