La historia de Lilly y Madelaine

El contacto físico me salvó la vida

Madelaine y Lilly son gemelas. Viven en Hamburgo, Alemania, les gusta el Hip Hop y son grandes confidentes. Son inseparables desde que nacieron, desde el momento en que Lilly salvó la vida de su hermana.

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Un comienzo dramático en la vida

Cada año, nacen alrededor de 15 millones de bebés prematuros en todo el mundo. Lilly y Madelaine se adelantaron nueve semanas. Ambas lucharon por sobrevivir; estuvieron controladas en una incubadora y necesitaron ventilación para poder respirar. Sin embargo, la esperanza de vida de Madelaine era menor, ya que nació con un agujero en el corazón.

Cuando os veis en vuestras primeras fotos de familia, ¿cómo os sentís? ¿Os reconocéis o sentís que estáis contemplando a otras personas?

M: Esas imágenes representan de alguna manera cómo nos encontramos en la actualidad: siempre juntas. Desde muy pequeñas, mamá y papá nos explicaron lo difíciles que habían sido esas primeras semanas. Estuvimos a punto de morir. Por suerte, a una enfermera se le ocurrió ponernos juntas en una incubadora…
L: Estábamos abrazadas y nos tocábamos con los deditos. A partir de ese momento, nuestra esperanza de vida aumentó. Con el tiempo, Madelaine fue capaz de respirar por sí misma y el agujero de su corazón se cerró.
M: Nuestra madre estaba demasiado débil para visitarnos en la sala de neonatos, así que papá siempre nos hacía fotos con una Polaroid. Sin embargo, no había mucho que ver; éramos muy pequeñas y había tubos por todas partes.

“Nuestros amigos siguen diciendo que no es normal lo unidas que estamos.“

Lilly

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Una conexión duradera

La complicidad y cercanía que existe entre vosotras, ¿sigue siendo la misma desde que nacisteis?

L: Nuestros amigos dicen que nunca han visto a unas gemelas o hermanas que estén tan unidas como nosotras. Siguen diciendo que no es normal lo unidas que estamos. La verdad es que es muy raro que nos separemos durante más de una hora. Nos echamos demasiado de menos cuando eso ocurre.
M: Siempre me preocupo por Lilly. Cuando esquiamos o vamos en bicicleta, necesito que vaya delante. Si no, siempre me giro para comprobar que no le ha pasado nada.
L: Estamos tan unidas ahora como lo estábamos cuando nacimos. Nos abrazamos y tocamos cada día.

EL TIEMPO PASA, PERO EL PODER DEL CONTACTO FÍSICO PERMANECE.

“Como madre pude sentirlo, pero hoy, como médico, lo afirmo: el contacto físico puede curar.“

Prof. Dr. Tzipi Strauss

Jefa de Neonatología del Centro Médico de Sheba, Tel Aviv, Israel

Ciencia y supervivencia

El «método madre canguro» nació en Bogotá (Colombia) en la década de 1970 para resolver las altas tasas de infección y mortalidad en los hospitales causadas por el hacinamiento y la escasez de incubadoras. En aquel momento, se animaba a las madres a establecer un contacto piel con piel con sus hijos durante largos períodos de tiempo y mientras los amamantaban. La morbilidad y la mortalidad de los niños se redujeron con rapidez. Desde entonces, muchos estudios sobre el «método madre canguro» han demostrado sus beneficios múltiples, significativos y duraderos para los bebés y las familias. Entre estos beneficios se encuentran la estabilización cardiorrespiratoria y de la temperatura, una mejor organización del sueño, un mejor rendimiento en las evaluaciones de la conducta, una reducción de las respuestas adversas a los procedimientos dolorosos y una mejora del entorno familiar.

Estimulación táctil: Ciencia y supervivencia

A menudo, los bebés prematuros dejan de respirar, pero un simple contacto físico los estimula para volver a hacerlo. Sin embargo, en la vida diaria de los hospitales, resulta difícil para las enfermeras llegar a tiempo a cada uno de los bebés prematuros. Por suerte, un grupo de investigadores en Leipzig ha desarrollado un método que puede utilizarse para estimular de forma casi mecánica a los bebés prematuros. NIVEA respalda este proyecto de investigación que aumenta las posibilidades de supervivencia de los bebés prematuros.  

 

El contacto físico me salvó la vida

Estas personas comparten historias en las que narran cómo el contacto físico salvó sus vidas. ¿Cuál es la tuya?

Sandra, Alemania

Nuestro hijo se adelantó 12 semanas y tuvo que pasar nueve semanas en la sala de neonatos. Día tras día, lo colocábamos sobre nosotros, piel con piel, para transmitirle el calor que necesitaba. Este método se conoce como «madre canguro». En la actualidad, es un niño precioso y feliz de dos años y medio.

Richard, Estados Unidos

Un día fui con mi novia al río Delaware a dar un paseo. Decidí meterme en el agua, aunque algunas de las rocas del fondo resultaban resbaladizas. Cuando me adentraba, me resbalé en una de esas rocas. Junto a ella, había un agujero muy profundo por el que me colé, con los pies por delante. Cuando trataba de escapar, y en un último aliento, me las arreglé para levantar la mano derecha. Un segundo después, sentí que alguien me agarraba, me levantaba y me sacaba la cabeza del agua. ¡Era ella! Se encontraba unos metros más abajo y no me había visto salir a la superficie. Cuando sentí el contacto con la mano de otra persona, supe que no me moriría. Sin duda, esa experiencia fue muy profunda e importante para mí.

Lisa, Alemania

Salí de cuentas en medio del confinamiento. Ya llevaba dos días de parto y a mi marido no lo dejaban entrar en el paritorio para acompañarme. Aunque venían de vez en cuando a controlar cómo iba todo, me sentí muy sola con mi dolor. Sin embargo, el cambio de turno de las matronas dio un vuelco a mi parto. La nueva matrona me puso la mano en la espalda para saludarme. Fue el primer contacto físico que experimenté desde que me indujeron el parto. Ese gesto de afecto, aunque pudiese parecer insignificante, fue el que me dio fuerzas. En ese momento, volví a sentir esperanza y, de alguna manera, logré traer a mi bebé al mundo.