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La piel: protección corporal

Una robusta capa protectora y un sensible órgano sensorial
La piel es el mayor órgano del cuerpo humano y, por tanto, también su principal protección. NIVEA te explica cuáles son sus funciones y por qué es el espejo del alma y merece un cuidado especial.

La piel, nuestro órgano multitalento

Las funciones de la piel

La piel es el mayor órgano sensorial del cuerpo, siendo su principal función proteger el organismo de agentes externos. La piel nos envuelve como un abrigo y nos protege para que los golpes o las agresiones externas no nos causen daños fácilmente. Además, gracias a sus sensores, por medio del dolor o el picor nos advierte de algunos peligros, tales como las temperaturas extremas. El manto ácido de la piel también actúa como una barrera de protección frente a gérmenes y bacterias. 

Otra función importante de la piel es regular la temperatura corporal; siendo responsable de que nuestro organismo mantenga una temperatura constante. Cuando se expone la piel a altas temperaturas, la circulación de los vasos sanguíneos aumenta y se libera calor. No obstante, si esto no es suficiente, la piel comienza a sudar y el cuerpo se refrigera. Cuando las temperaturas son bajas, ocurre el proceso inverso, es decir, la piel bombea menos sangre por las venas a fin de retener el calor. Esta es la razón por la que cuando hace frío, las manos y los pies son los primeros en quedársenos fríos.

La piel cumple también una función protectora frente a los rayos del sol. Cuando nos exponemos a la luz solar, la piel desarrolla una capa córnea más espesa y una pigmentación oscura (el bronceado). Esta reacción actúa como "filtro solar"impidiendo que los nocivos rayos UV penetren demasiado. La propia piel es capaz de reparar "parcialmente" los daños causados por los rayos del sol, pero necesita su tiempo. Para reforzar  los mecanismos de protección naturales de la piel frente a la luz solar, hay que usar siempre protectores solares con un factor de protección solar adecuado para tu piel y filtros UVA/UVB.

Reírse es bueno para la piel y para el alma

Las emociones positivas nos ayudan a estar felices y sanos:activan la circulación y  los músculos risorios; también nuestra piel está más fresca y radiante al reflejar nuestro yo interior. Por eso al sonrojarnos, palidecer o tener la piel de gallina, nuestra piel delata nuestras emociones.

Las distintas capas de la piel: una actividad frenética bajo la superficie

Aunque solo mida un par de milímetros de grosor, la piel es un órgano muy resistente. Como si de una cebolla se tratara, la piel está compuesta por numerosas capas que, de forma general, se pueden clasificar en tres estratos:
  • La capa de protección más externa es la epidermis. 
  • En ella se encuentra el llamado manto ácido, cuya función es proteger a la piel de bacterias y hacer que el agua se resbale por ella. 
  • La epidermis se puede dividir, a su vez, en cinco subcapas. Las dos inferiores se encargan de producir nuevas células para abastecer a las tres capas superiores.
  • Las células muertas se eliminan en la capa córnea, que es la más externa de las cinco. Gracias a este mecanismo, la epidermis se regenera de media cada 27 días aproximadamente.
  • Bajo la epidermis se encuentra la dermis. Esta capa está formada por una densa red de fibras elásticas, nervios y pequeños vasos sanguíneos. Estos últimos regulan el equilibrio térmico del cuerpo. La dermis aporta nutrientes y oxígeno a la epidermis. En ella se encuentran las glándulas sebáceas, sudoríparas y odoríferas.
  • La tercera y última capa de la piel es la hipodermis, que se compone, fundamentalmente, de tejido conjuntivo y grasa. La hipodermis actúa como una especie de amortiguador frente a los golpes externos y es, además, una importante reserva energética. Es la encargada de unir la piel con los tendones y los músculos subyacentes.

La piel, el espejo del alma

La piel es el órgano responsable del sentido del tacto. Nos advierte de los factores externos y envía mensajes sensoriales al cerebro.

Cómo afecta el tacto a nuestro bienestar

  • El sistema nervioso central y los órganos de los sentidos, entre los que se encuentra la piel, se originan a partir de la primera capa germinal cuando aún estamos en periodo embrionario. Esto permite al embrión interactuar con su entorno a través de la piel incluso cuando aún se encuentra en el útero materno
  • El tacto es imprescindible para el bienestar humano. Recibir caricias de afecto es esencial, sobre todo para los bebés y los niños, 
  • ya que el contacto estimula el desarrollo del cerebro y la distribución de las hormonas del crecimiento. Las caricias también son beneficiosas para los adultos, ya que liberan endorfinas (las hormonas de la felicidad) y reducen la presión arterial. 
  • El tacto produce también un efecto calmante y tiene una influencia positiva en nuestra vida emocional. Si estamos estresados o faltos de calor humano, a menudo la piel reacciona enrojeciéndose, resecándose o desarrollando impurezas. Así que presta más atención a tu cuerpo y tómate en serio los avisos que te envía tu piel y escucha lo que está tratando de decirte.
  • Así que si algo es bueno para ti, pronto lo sabrás por el estado de tu piel. Si tú te sientes bien, tu piel también se sentirá bien... ¡y eso se ve!
  • En resumen: las muestras de afecto como el amor, el cariño, el consuelo o el cuidado son buenas tanto para la piel como para el alma.
  • Para más consejos e información para una piel bonita, haz clic aquí.

Algunos datos sobre la capa que protege nuestro organismo: la piel

La piel es el órgano más grande y más pesado del cuerpo humano. Tiene una superficie de 2 m², pesa unos 10 kg y, aun así, mide solo unos milímetros de grosor.

Las caricias generan emociones positivas

Toda forma de contacto físico: agradable o desagradable es percibida primero por la piel. Sus distintos receptores envían las sensaciones registradas al cerebro liberándose hormonas y neurotransmisores. Por eso los abrazos, caricias o masajes se perciben como algo agradable y positivo.

Cuidados y protección para tu piel

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